Austral Comunicación

ISSN(e) 2313-9137

Volumen XI, número 2 - Diciembre de 2022, 4 pp.

 

Marcela Farré y Patricia Nigro

El libro blanco de la conversación

Buenos Aires: Biblos, 2022.

ISBN 9789878140940

RESEÑA

DOI: https://doi.org/10.26422/aucom.2022.1102.fer

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El libro blanco de la conversación, escrito por mujeres académicas, todas ellas doctoradas en su disciplina, propone una amplia variedad de enfoques para analizar los intercambios conversacionales desde diversas perspectivas epistemológicas, culturales, discursivas y políticas. Tal como señalan las editoras en la introducción, “el mundo nos provoca para que conversemos” (p. 13), para movilizar discursos y transformar la cultura. Por eso cobran relevancia la calidad de las conversaciones y los vínculos que se establecen entre participantes, temas y contextos.

A lo largo de cada capítulo, se avanza en la idea de conversación como traducción, como un modo en que cada sujeto convierte las ideas que se intercambian y las trabaja desde su propia perspectiva, conocimientos, trayectoria y aprendizajes previos. Se concibe la conversación como un tipo de relación social que implica horizontalidad en la cual los participantes actúan como coautores del mensaje que circula y remixan, adaptan o eventualmente juegan con las ideas tejidas por ellos y ellas.

En el capítulo 1, y en línea con el “nadie se salva solo” que se volvió tan popular en tiempos de pandemia, Marcela Farré propone una tesis igual de disruptiva: “si existe una forma humana de estar en el mundo esa forma es compartida” (p. 21). Y en este sentido recuerda que no hay nada más social que la interacción humana, la interacción conversacional que permite consolidar hábitos, valores e identidades, vínculos, maneras de ver el mundo, futuros imaginados, presentes que se construyen colectivamente. 

Farré invita a sus lectores y lectoras a imaginar, a diseñar conversaciones poderosas y construir comunidades digitales que hagan visibles luchas varias: contra el cambio climático, contra el racismo y la discriminación, contra la violencia machista. Se trata de conversaciones que permiten promover agendas alternativas, temas de conversación que rompen la burbuja filtro y le devuelven al mundo su textura heterogénea y plural, un mundo más diverso, a veces con bordes filosos, menos redondeados… un mundo incómodo donde se puede hablar de aquello que preocupa a diversos colectivos.

El capítulo 2 pone la lupa en el modo en que las palabras favorecen cierto tipo de representaciones más allá del significado literal de cada una. ¿Qué ocurre con los sustantivos de género inherente, es decir, con las palabras que no designan seres sexuados? ¿Les imaginamos características típicamente femeninas o masculinas? ¿Es posible pensar que atribuimos al sol características masculinas como potente y radiante, y a la luna características femeninas como fina y brillante solo porque arbitrariamente fueron designados con ese género en algún punto de la historia conversacional de la lengua castellana?

A lo largo del capítulo la vemos a Silvia Ramírez Gelbes jugar con tres tipos de lenguas: las sin género (turco y finés), las de género natural (inglés y sueco), y las de género gramatical (español y alemán), y conectar las representaciones que genera cada una con el género morfológico de los sustantivos y el género social que determina no solo comportamientos sino expectativas asociadas a cada sujeto.

Con absoluta precisión metodológica y herramental, Ana Slimovich delinea el capítulo 3 del libro. Su rigurosidad investigativa conduce a Slimovich en el análisis de la conversación pública en Instagram durante la campaña política de 2019 en Argentina. Y sus preguntas pulsan la reflexión y las búsquedas: “¿Qué tipo de interacción se lleva a cabo en una plataforma mediática como Instagram en la cual imágenes y videos fugaces de las candidatas y los candidatos se entremezclan con ‘emojis’, ‘megusteos’ y ‘compartidos’ de la ciudadanía? ¿Cuál es el tipo de vínculo de los internautas con las candidatas y los candidatos en espacios digitales en los cuales también circulan los troles, los Bots y los haters?” (p. 65).

La conversación pública se sitúa en el marco complejo del postbroadcasting en el que convergen el networking y el broadcasting y los múltiples actores, textos, tecnologías y prácticas de la nueva ecología mediática.

En el capítulo 4, Paula Porta insta a los lectores a pensar transmedia en clave de conversación y retoma desarrollos de Carlos Scolari, Henry Jenkins, Francisco Albarello y Walter Ong. Su mirada se sitúa en el modo en que se desarrollan las conversaciones en el contexto de las redes convectivas y la comunicación digital. La conversación transmedia, señala, puede considerarse como un repertorio de prácticas situadas en contextos digitales que traccionan un relato o una idea que se expande por múltiples plataformas.

Porta provoca con referencias a la codificación digital y la convergencia tecnológica como fenómenos que involucran nuevas formas de sociabilidad, configuraciones de la subjetividad y modos de construir el espacio público y la participación ciudadana. Emerge transmedia como una tecnología conversacional que apuesta por la polifonía. La idea más potente del capítulo es que sin participación no hay transmedia, es decir, no hay conversación. Fernando Irigaray, Carla Montoya, Tomás Bergero, Soledad Arreguez, Mariana Ferrarelli y María José Masanet, entre otros, van dando forma a la conversación transmedia a través de un tejido complejo de ideas e interpretaciones. 

El capítulo 5 que escribe Patricia Nigro inicia con una perspectiva esperanzadora: más allá de la polarización, el tribalismo y los discursos de odio en que vivimos, es posible ejercitar la cortesía verbal la cual, además de sus aspectos formales y técnicos, no es otra cosa que avanzar en conversaciones que acerquen a las personas de manera respetuosa y empática, con independencia de coincidir o no con sus opiniones y posición frente a diversos temas. El corazón de la escritura se centra, entre otras cosas, en el contraste entre las formas del odio y los modos y reglas de la cortesía.

En el capítulo 6, Roxana Fantín plantea un duro dilema: ¿es siempre posible aceptar al otro?. Claro que eso es deseable, pero, ¿podemos hacerlo, llevarlo a la práctica? Para avanzar en estas respuestas, propone un largo y profundo recorrido por las ideas de Emmanuel Levinas, Martin Buber, Hans Georg Gadamer, Jurgen Habermas, Martin Heidegger, entre otros. Incluso retomando a Bateson afirma: “podríamos establecer una relación entre la calidad de nuestros diálogos y la salud de nuestras relaciones” (p. 137).

Desde este marco que entrelaza la fenomenología con la hermenéutica, el Otro se impone no como un objetivo o una entidad a asimilar, sino como el motivo para dejar que su perspectiva ingrese en la propia. Lejos de la razón instrumental y de la verdad monológica que dialoga consigo misma, Fantín propone ir por la fusión de horizontes mediante el diálogo y la expansión de los sentidos en el encuentro con el Otro. Su capítulo es una invitación a la apertura desinteresada y a la disposición dialógica mediante un vínculo transparente y sincero.

Silvina Douglas comienza el capítulo 7 con una sentencia inquietante: la calidad de nuestras conversaciones puede incidir en nuestra calidad de vida, y cita a Estrella Montolío cuando indica que la “conversación nos configura, nuestras palabras nos representan, lo que decimos modela quiénes somos socialmente” (p. 159). Concluye que podemos aprender a conversar mejor si reflexionamos en cómo conversamos.

En las conversaciones se entrama la subjetividad, la historia personal, la autopercepción, los espacios intersubjetivos, la oralidad mediada por teléfonos, la materialidad de la voz, la espontaneidad y la comunicación en presencia. Douglas introduce al lector en la intimidad de diversas conversaciones coloquiales entre adolescentes y así logra acceder a variados intercambios sutiles y casi imperceptibles en donde ellos y ellas actúan socialmente desde las palabras y gestionan la imagen personal, la ironía, las bromas y su afiliación a diversos grupos.

A lo largo del capítulo, Douglas desarma diversas conversaciones para analizar las técnicas que permiten evitar el conflicto mediante la atenuación, la cortesía y la reparación, todas estrategias y rituales que persiguen el objetivo de compensar posibles ofensas y proteger la reciprocidad de la interacción. En su análisis resuena la idea de que las prácticas del lenguaje siempre ocurren en un contexto: hablamos en un lugar con alguien y para algo. Este carácter situado del encuentro conversacional no impide la sorpresa y la espontaneidad de lo coloquial y el diseño de la situación a partir de un propósito comunicativo en que se ejercen la libertad y la creatividad.

Si, como se señala a lo largo de todo el volumen, conversar implica dar vueltas con alguien en torno a un tema, entonces la naturaleza social y compartida de la conversación es un punto de partida que conviene preservar y defender. Esta máxima se sostiene en un texto potente y sólido, escrito sólo por mujeres académicas, todas trabajadoras incansables y muchas de ellas también madres que proponen avanzar en la conversación intelectual, pública y empática.

Mariana Ferrarelli

Universidad de San Andrés

mferrarelli@udesa.edu.ar

https://orcid.org/0000-0001-8549-0747