Austral Comunicación

ISSN(e) 2313-9137

Volumen XI, número 2 - Diciembre de 2022

Aproximación a la perspectiva “comunicación y cultura”: historia de un recorrido e institucionalización

María del Carmen Cabezas

Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Tecnologías, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad Nacional de Córdoba.

carmen.cabezas@unc.edu.ar

https://orcid.org/0000-0003-1314-1470

María Paula del Prato

Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba.

mariapauladelprato@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-2858-7590

Fecha de finalización: 1 de agosto de 2022.

Recibido: 2 de agosto de 2022.

Aceptado: 2 de noviembre de 2022.

DOI: https://doi.org/10.26422/aucom.2022.1102.cab

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Resumen

La perspectiva “comunicación y cultura” en América Latina empieza a cobrar un lugar propio en la historia de los estudios de comunicación entre la década del 90 y la del 2000, refiriendo a un conjunto de autores/as y nociones incipientes que se debatieron en las décadas del 60, 70 y 80. La presente revisión bibliográfica se propone recorrer los abordajes recurrentes de tal perspectiva, que si bien actualmente es empleada por investigadores/as y ampliamente tematizada en el campo de la comunicación, no por ello ha dejado de ser polisémica, incluso poco específica. Asimismo, nos proponemos reflexionar sobre la relevancia de considerar la producción de ideas en su contexto de enunciación.

Para ello, sistematizamos un conjunto de estudios que historizan el campo de la comunicación, donde nos centramos en cómo ha sido abordada la perspectiva “comunicación y cultura”. Entendemos que, a través de los aportes de la historia intelectual (Palti, 2014), es posible identificar la disputa de significado que supone tal perspectiva de análisis, atendiendo a las condiciones de enunciación de los sujetos en un momento determinado. En ese sentido, la aproximación a la perspectiva “comunicación y cultura” se enmarca en el contexto de ciertas discusiones teóricas, como la teoría de la dependencia y los debates de la nueva izquierda, que propiciaron elementos de análisis que favorecieron a una matización de la noción de “cultura”, principalmente las condiciones sociohistóricas y la indagación sobre las prácticas sociales y culturales de sectores subalternos.

Palabras clave: estudio bibliográfico, comunicación y cultura, América Latina, teorías de la comunicación.

An approach to “communication and culture”: history of a journey and its institutionalization

Abstract

“Communication and culture” in Latin America, as a point of view or perspective, came into its own in communication studies during the 1990s and 2000s, on the back of authors and ideas from the 1960s, 1970s, and 1980s. This bibliographic review attempts to chart the ways in which this point of view has been adopted. Current researchers use it frequently and the field of communication has given it plenty of space, yet “communication and culture” remains unclearly defined. This is why we aim to reflect on the production of ideas within its enunciatory context.

To do this, we systematized a series of studies that take a historical approach to the field of communication, as we focus on how authors have tackled “communication and culture” in the past. Thanks to the contributions of intellectual history (Palti, 2014), we found that this analytical point of view has given rise to a definitional dispute, considering the enunciatory conditions of certain subjects at specific moments. That is, the “communication and culture” point of view arises in the context of theoretical discussions, such as the theory of dependence and the debates of the New Left, which have favored the qualification or expansion of “culture” as a concept, bringing in sociohistorical conditions and the exploration of social and cultural practices of disadvantaged groups.

Keywords: bibliographic study, communication and culture, Latin America, communication theories.

Aproximação à perspectiva "comunicação e cultura": história de um percurso e institucionalização

Resumo

A perspectiva "comunicação e cultura" na América Latina começa a ocupar um lugar próprio na história dos estudos da comunicação entre as décadas de 1990 e 2000, remetendo a um conjunto de autores e noções incipientes que foram debatidas nas décadas de 1960, setenta e oitenta. Esta revisão bibliográfica pretende rever as abordagens recorrentes de tal perspectiva, que embora seja atualmente utilizada por pesquisadores, e amplamente tematizada no campo da comunicação, não deixou de ser polissêmica, mesmo pouco específica. Da mesma forma, pretendemos refletir sobre a relevância de considerar a produção de ideias em seu contexto de enunciação.

Para isso, sistematizamos um conjunto de estudos que historicizam o campo da comunicação, onde focamos em como a perspectiva “comunicação e cultura” tem sido abordada. Entendemos que, por meio das contribuições da história intelectual (Palti, 2014), é possível identificar a disputa de sentidos que tal perspectiva analítica supõe, levando em conta as condições de enunciação dos sujeitos em um determinado momento. Nesse sentido, a abordagem da perspectiva "comunicação e cultura" se enquadra no contexto de certas discussões teóricas, como a teoria da dependência e os debates da nova esquerda, que forneceram elementos de análise que favoreceram uma nuance da noção de cultura, principalmente as condições sócio-históricas, e a indagação sobre as práticas sociais e culturais dos setores subalternos.

Palavras-chave: estudo bibliográfico, comunicação e cultura, América Latina, teorias de comunicação.


Introducción

El binomio “comunicación y cultura” posee un recorrido extenso en la bibliografía referida a la comunicología en América Latina. Las relaciones teóricas y metodológicas que esa alianza ha propuesto ocupa hoy un lugar central en el concierto disciplinar que define los modos en los que comprendemos –o damos por comprendido– aquello que de este lado del mundo nombramos bajo el mote de “comunicación”. En los análisis históricos de las teorías y estudios de comunicación, particularmente los de América Latina, la perspectiva “comunicación y cultura” aparece tematizada a principios de la década del 90 y primeros años de la del 2000.

Para graficar ese proceso, podemos decir que los primeros antecedentes de estudios que vincularon comunicación y cultura se remontan a fines de la década del 60 y abarcan la década del 70, como podemos ver en los trabajos de Grimson y Varela (2002), León-Duarte (2008), Szurmuk y Mckee Irwin (2009) y Moragas-Spà (2011). Por su parte, en los 80 se consolida la articulación comunicación y cultura como una posible vinculación entre ambos universos de estudio, como dan cuenta los análisis de Fuentes-Navarro (1992) y Saintout y Ferrante (2006). Finalmente, en los 90 y primeros años de la década del 2000, estudiosos/as del campo reconocieron en sus análisis que la relación comunicación-cultura ya no solo funcionaba como un sector de las preocupaciones comunicacionales vinculadas con las dimensiones culturales, sino que podría comprenderse como una perspectiva de abordaje de la comunicación.

Los distintos modos de abordar la comunicación para su estudio hasta la década del 60, en términos generales, se caracterizaron principalmente por abrevar en la teoría matemática de la comunicación, la cibernética, la perspectiva de la sociología funcionalista de la mass communication research y la teoría crítica con la Escuela de Frankfurt. Esto fue cambiando a partir de discusiones teóricas que se dieron en el mundo occidental, que revisaron la clásica mirada de la determinación de la estructura sobre la superestructura y, en ese sentido, la necesidad de empezar a considerar más dimensiones de la vida social, como la vida cotidiana circunscrita ya sea a un país o a un grupo social particular y en un momento determinado. En ese marco, la noción de “cultura” empezó a emerger como una dimensión de análisis fundamental.

El desarrollo del campo de estudio de la comunicación en América Latina supuso considerar elementos en el análisis que hasta ese momento no eran principales, como las singularidades locales de los procesos políticos y económicos, los territorios y las historias de los pueblos, entre otros aspectos. A partir de las implicancias profundas que la concepción de “cultura” aporta a la noción de “comunicación” y viceversa, las fronteras entre uno y otro elemento se desdibujan y se vuelven a trazar, al punto de que es posible considerar “comunicación y cultura” como una perspectiva teórica, ya que nos ayuda a comprender y problematizar fenómenos sociales (Batthyány y Cabrera, 2011).

En los análisis históricos sobre teorías y estudios de comunicación identificamos primordialmente dos abordajes sobre la perspectiva “comunicación y cultura”: quienes la ubican en el marco del desarrollo disciplinar del campo de la comunicación y quienes se centran en la especificidad que implica incorporar en el análisis de la comunicación la dimensión cultural. Si bien ambos análisis son diferentes, identificamos que esas tematizaciones evidencian una progresiva institucionalización de la perspectiva al interior del campo.

El objetivo del trabajo es trazar una discusión sobre cómo ha sido el tratamiento de este modo de abordar los estudios comunicacionales en América Latina, denominado “comunicación y cultura”, a partir de los estudios históricos sobre la comunicología, para analizar de esta manera su progresiva institucionalización. Buscamos, por medio de la historia de los intelectuales que consideran los enunciados en sus condiciones contextuales (Altamirano, 2005), atender, por un lado, a la complejidad de la conformación de la perspectiva “comunicación y cultura” y, por el otro, a la trayectoria o experiencia académica de los/as investigadores/as que realizaron los estudios históricos del campo de la comunicación. Considerar aspectos de la biografía académica de autores/as en articulación con sus postulados sobre la perspectiva “comunicación y cultura” permite explorar los sentidos en disputa en relación con esa forma particular de abordar la comunicación.

Organizamos la exposición a partir de las dos modalidades de abordaje identificadas: primero nos centramos en quienes tematizan sobre lo disciplinar, donde “comunicación y cultura” es considerada una novedosa forma de aproximación teórica con relación a otras perspectivas; en segundo lugar, en quienes hacen foco en el objeto de la comunicación y cultura. Allí, las discusiones son variadas, aunque conectadas entre sí, y su eje se vincula con el análisis de la recepción, en el que también aparece la lectura, o no, de los estudios culturales de la Escuela de Birmingham. En los dos grupos se hace hincapié en diferentes eventos, autores o teorías que abonaron a una especificidad, a un saber.

Para ello, realizamos a nivel metodológico un relevamiento bibliográfico de los estudios más emblemáticos que circulan en el ámbito académico de Argentina, deteniéndonos en autores/as hispanohablantes. Asimismo, consideramos las diversas trayectorias de los/as investigadores/as, ya que sus postulados se inscriben en condiciones específicas del campo de estudio de la comunicación. Por otro lado, revisamos las producciones frecuentemente nombradas en esos análisis a los fines de lograr una mayor comprensión, tales como las obras Comunicación o extensión de Paulo Freire, Comunicación y cultura de masas de Antonio Pasquali, De los medios a las mediaciones de Jesús Martín-Barbero, Memorias de la comunicación de Héctor Schmucler y el informe del Seminario sobre La investigación de la comunicación en América Latina de 1973, etc.

Consideramos que detenernos a analizar y comprender el momento instituyente de esta línea de pensamiento y trabajo del campo de los estudios de comunicación resulta capital, en tanto que en la actualidad se encuentra presente en planes de estudios de las universidades y centros de investigación a lo largo de América Latina.

Lecturas disciplinares. La aparición del vínculo entre comunicación y cultura

Un primer aspecto a nombrar es que “comunicación y cultura”, en tanto perspectiva, no refiere en principio a un hecho fundacional puntual, más bien es una construcción académica a posteriori, es decir que es una manera de nombrar un conjunto de producciones teóricas y analíticas que, en retrospectiva, estudiosos agruparon bajo el binomio “comunicación-cultura”. En ese sentido, la trayectoria académica y la participación en el campo de los investigadores es un aspecto significativo, porque nos permite inferir ante qué o quiénes dan cuenta de la perspectiva en cuestión.

Los trabajos de Miquel Moragas-Spà[1] (2011), Raúl Fuentes-Navarro (1992) y Gustavo León-Duarte (2002, 2008), entre otros, se ubican en una mirada que tematiza sobre la especificidad de la comunicación y, en ese marco, identifican una perspectiva local, es decir, latinoamericana, en la que comunicación y cultura tiene un lugar propio, especialmente porque se diferencia de otras perspectivas que circulaban en los 60 y 70. Moragas-Spà,[2] cuya formación de base es la filosofía, es un académico que de manera temprana se abocó a la cartografía de las teorías de la comunicación. En su rol como editor de la colección GG Mass Media de la editorial Gustavo Gilli, publicó desde finales de la década del 60 compilaciones de artículos de la mass communication research, y más tarde incorporó también escritos de referentes latinoamericanos. En tanto investigador, publicó en 1981 Teorías de la comunicación. Investigaciones sobre medios en América y Europa, donde desarrolló líneas de pensamiento en Estados Unidos, América Latina y Europa. Interpretar la comunicación, de 2011, obra en la que nos detendremos en nuestro artículo, puede ser pensada como una actualización o reescritura del libro de 1981. Una diferencia entre el primero y el segundo libro es la aparición explícita de comunicación y cultura como elemento distintivo del pensamiento en América Latina. Como se puede advertir, Moragas-Spà es un autor con una extensa trayectoria académica y editorial, cuyos textos presentan –particularmente los de 1981 y 2011– como destinatarios, por un lado, a estudiantes de las carreras de grado en Comunicación Social y, por otro, forma parte de las –incipientes– discusiones sobre las metarreflexiones del campo.

Una discusión, entiende Moragas-Spà (2011), que abonó a la configuración de un pensamiento autóctono –inclusive en el campo de la comunicación– fue la teoría de la dependencia, cuyos postulados refieren a estudios que abarcaron diferentes ámbitos de la vida, entre ellos, el simbólico y cultural, donde se empezó a poner en cuestión que los países del tercer mundo, más que poseer una esencia atrasada, muestran una desigualdad estructural comparados con los países desarrollados.

La relevancia de tal perspectiva en América Latina, para Moragas-Spà (2011), se puede observar a partir de una pormenorizada historización del campo de la comunicación. Allí reconoce que, en una primera instancia, en la década del 60 hubo una fuerte presencia de teorías y estudios provenientes de Estados Unidos y de Europa, aspecto que se puede observar en los cursos y talleres destinados a periodistas, así como en la bibliografía que empleaba el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación en América Latina (CIESPAL).[3] En este Centro, en la década del 60 –explica el analista–, había una predominante lectura del funcionalismo norteamericano[4] que se articulaba con el programa político-económico y social del desarrollismo. Moragas-Spà (2011) encuentra una relación entre los postulados que consideran que el desarrollo es un proceso evolutivo, por lo que los países subdesarrollados deben imitar a los desarrollados, y lo que en el ámbito del periodismo y la comunicación se conoció como “difusionismo”: la difusión de innovaciones a los fines de procurar, a nivel subjetivo y material, el desarrollo en sociedades atrasadas.[5]

Las categorías como atraso y subdesarrollo fueron cuestionadas por un conjunto de pensadores en el marco de la teoría de la dependencia. Es a través de esas reflexiones, explica Moragas-Spà (2011), que “se descubre que los medios de comunicación de masas actúan como instrumentos coadyuvantes de la dependencia, reforzando la explotación…” (p. 181). Es así que, a principios de los 70, surgieron diferentes planteos en los que urgía tener una mirada local sin el perjuicio de que la sociedad latinoamericana era atrasada porque sí, o la mirada etapista para llegar a ser sociedades desarrolladas. Emergieron cuestionamientos como el flujo desigual de la información y la necesidad de políticas nacionales de comunicación, cuyo referente emblemático fue Luis Ramiro Beltrán. Antonio Pasquali es otro de los intelectuales relevantes que nombra Moragas-Spà (2011), ya que realizó un análisis crítico sobre el control de los medios de comunicación. Por su parte, Paulo Freire (1987), considera Moragas-Spà, puso en tela de juicio los programas de desarrollo agropecuario que, por medio de la extensión, buscaban imponer una modalidad de desarrollo económico. En su lugar, el pedagogo propuso la necesidad de entender el desarrollo conectado con los saberes y los intereses de la comunidad, planteando, por medio de la comunicación, la posibilidad de construir conocimiento conjunto y modos locales de desarrollo.

A partir de la cartografía teórica que retoma Moragas-Spà (2011) podemos advertir que atender a las condiciones socioculturales de América Latina es un elemento relevante para los estudios de comunicación que cobró fuerza en los 70, al tiempo que evita lecturas etnocéntricas. Considerar que las particularidades de nuestras sociedades favorecerían el desarrollo de la sociedad no refiere a llegar a ser una sociedad desarrollada en los términos de los países hegemónicos, sino a visibilizar y mitigar las contradicciones existentes que conlleva el supuesto desarrollo, así como conocer las dinámicas de nuestras sociedades. Estos elementos ofrecieron un marco particular para los estudios de la década del 80. Moragas-Spà (2011) identifica los aportes del español-colombiano Jesús Martín-Barbero, del argentino-mexicano Néstor García Canclini, del brasileño Renato Ortiz y del mexicano Jorge González. El analista entiende que si bien los estudios sobre cultura en América Latina poseen diferentes procedencias teóricas, se podrían identificar tres puntos que comparten, a saber: a) “el interés por lo popular y por lo masivo” (p. 190); b) la búsqueda por encontrar una clave de análisis que comprenda las grandes lógicas de nuestra sociedad; y c) considerar la heterogeneidad de la identidad.

Raúl Fuentes-Navarro,[6] al igual que Moragas-Spà, es un académico de extensa trayectoria en el campo de la comunicación, en particular en la reflexión sobre la disciplina. Uno de sus libros más citados es de 1992: Un campo cargado de futuro. El estudio de la comunicación en América Latina, el cual sistematiza discusiones y trayectorias institucionales latinoamericanas. La obra, explica el autor, se enmarcó en el programa de publicaciones de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS), es decir que buscaba contribuir a la formación de los estudiantes de las carreras de comunicación.

Este autor, en 1992 –en consonancia con la lectura de Moragas-Spà–, entiende que en los 80 el vínculo entre comunicación y cultura tuvo una presencia significativa en el campo, tanto en el ámbito de la enseñanza en carreras de grado como en investigaciones. En cuanto al primer punto, retoma diversas investigaciones pedagógicas; una de ella consistió en un relevamiento de los textos más frecuentemente empleados en las escuelas latinoamericanas de Comunicación. Se advierte que un área temática en la enseñanza fue comunicación y cultura, la cual presenta un crecimiento significativo en el período 1980-1990. En esta área temática también se podrían considerar, dice el estudio, los libros clasificados como comunicación y desarrollo, ya que “el desarrollo ahora se enmarca en las cuestiones de la dependencia, la identidad, y no en la del cambio social según el tradicional modelo del desarrollo económico” (Fuentes-Navarro, 1992, p. 15).

Por otro lado, el analista hace referencia a las investigaciones en comunicación y cultura; nombra a autores que ya venían desarrollándose en el ámbito de la comunicación y que en los 80 plantearon un acercamiento a la dimensión cultural. Nombra los trabajos de Héctor Schmucler y Armand Mattelart en la revista Comunicación y cultura,[7] los del peruano Rafael Roncagliolo en el Instituto para América Latina (IPAL), los brasileños Luiz Gonzaga Motta y Venício Artur de Lima y el venezolano Oswaldo Capriles. Aunque Fuentes-Navarro no especifica las contribuciones de cada autor, es posible decir –a partir de las extensas citas que transcribe– que la relación entre comunicación y cultura está dada por la necesidad de atender significaciones en comunidades y grupos, y en ocasiones se hace mención a los sectores subalternos o populares. Estas posiciones, da a entender el analista, se alejaban de la investigación imperante en ese momento, que tenía como foco el análisis de los avances tecnológicos de los medios. Asimismo, menciona que la investigación en América Latina, a diferencia de los países industrializados, se encuentra atravesada por las condiciones políticas de los países, lo que hace que investigadores tomen una posición ante los acontecimientos sociales buscando la intervención en la realidad. Por último, dedica un apartado especial al español-colombiano Jesús Martín-Barbero, a quien Fuentes-Navarro (1992) identifica como una referencia obligada para quienes estudian comunicación y cultura en el subcontinente. El aporte de Martín-Barbero es

 [p]artir de las mediaciones y de los sujetos, [esto es] adoptar la dinámica histórica –y no por ejemplo la racionalidad sistémica de la tecnología o las estructuras– para abordar el estudio de los procesos culturales que articulan prácticas de comunicación con movimiento sociales. (p. 43)

Tanto Moragas-Spà como Fuentes-Navarro destacan que el surgimiento de un pensamiento local –y agregamos: como también la perspectiva comunicación y cultura– fue posible en el marco de instituciones regionales y de diálogos o distancias entre intelectuales. Según Moragas-Spà (2011), las instituciones como CIESPAL, FELAFACS y, más tarde, ALAIC (Asociación Latinoamericana de Investigación de la Comunicación) ofrecieron espacios de encuentro que favorecieron la producción intelectual local, principalmente a través de congresos y revistas especializadas. Raúl Fuentes-Navarro (2005), además de entender a esas instituciones como relevantes para la producción de conocimiento local, nombra revistas especializadas –como Diálogos de la comunicación de FELAFACS– y documentos que cristalizaron la reflexión comunicacional, tales como el Seminario de Investigación de la Comunicación en América Latina, organizado por CIESPAL en 1973 –que, a su vez, desde nuestra lectura, es posible considerarlo como un índice del viraje de la institución, ya que se aleja del paradigma funcional-estructuralista proveniente de Estados Unidos–, o la conferencia de Luis Ramiro Beltrán en 1974, cuya ponencia se denominó “La investigación en América Latina ¿indagación con anteojeras?”.

La trayectoria académica de Fuentes-Navarro y sus escritos históricos de los estudios de la comunicación nos hacen pensar que identifica comunicación y cultura como una perspectiva: que se distancia o se diferencia con otras, que se formuló en estrecha relación con las condiciones sociales latinoamericanas –esto es, lo sociocultural– y que, a su vez, esto fue posible por un marco institucional comunicacional.

Gustavo León-Duarte[8] (2008) es otro referente que analiza las características disciplinares de la comunicación en América Latina. El analista, con formación de grado y posgrado en comunicación, inicia su recorrido siguiendo la propuesta de José Marques de Melo,[9] que propone una Escuela Latinoamericana de Comunicación (ELACOM). Tal escuela, explica León-Duarte, no refiere a una institución en sí, sino a un esfuerzo que, desde la década del 60, llevaron a cabo un conjunto de investigadores latinoamericanos que realizaban investigación en comunicación crítica. Es decir que ELACOM más bien es una escuela simbólica que hace referencia al pensamiento latinoamericano, diferenciándose de las corrientes teóricas norteamericanas y europeas. Al interior de la escuela, León-Duarte (2002, p. 36) identifica cinco temáticas con sus respectivos referentes: 1) el uso social de los medios, cuyo referente es Jesús Martín-Barbero; a esta corriente la ubica dentro de los estudios de comunicación y cultura; 2) consumos culturales, desarrollado por Néstor García Canclini; 3) la recepción activa, planteada por Valerio Fuenzalida; 4) frentes culturales e identidades complejas, encabezada por Jorge A. González; y 5) el modelo de multimediaciones, cuyo referente es Guillermo Orozco.

En el análisis de León-Duarte (2002), inserto en un campo disciplinar con mayor recorrido y consolidación, la perspectiva comunicación y cultura es ubicada en la primera temática (uso social de los medios), como un pensamiento crítico latinoamericano cuyo referente es Martín-Barbero. León-Duarte (2002) destaca que el autor español-colombiano “concibe a los medios de comunicación como productores sociales y enclaves de condensación e interacción de mediaciones humanas, de conflictos simbólicos e intereses políticos y económicos” (p. 35). Se podría decir que entiende por “uso social de los medios” el ubicar a esas instituciones en la matriz histórico-cultural de la sociedad.

Lecturas objetuales. Los estudios de recepción y los estudios culturales

En la recopilación de trabajos que historizan estudios de comunicación, particularmente los que tematizan sobre comunicación y cultura, identificamos un segundo grupo de estudios en los que el foco está puesto en dar cuenta de la construcción del objeto antes que en lo disciplinar. En ese sentido, comunicación y cultura se vincula, por un lado, con estudios de audiencia y lo popular y, por otro, con el debate respecto a la existencia o no de estudios culturales latinoamericanos (en adelante, ECL).

Alejandro Grimson y Mirta Varela,[10] actualmente dos referentes en el campo de la comunicación en Argentina, en su artículo “Culturas populares, recepción y política. Genealogías de los estudios de comunicación y cultura en Argentina” (2002), buscan reconstruir la historia de las investigaciones y debates sobre audiencias en Argentina. Encuentran que en este país, y en general en América Latina, “… la ‘recepción’ se presentó como una vía fructífera de exploración de las significaciones y producción de sentido en los sectores populares” (p. 153). Podemos decir que desde el título del artículo de los autores y por el derrotero de los estudios de audiencia que realizan, comunicación y cultura se vincula con el análisis de los modos de recepción, especialmente en sectores populares cuyas lecturas solían estar desatendidas en la investigación.

Grimson y Varela (2022) encuentran que comunicación y cultura empezó a conformarse en las décadas del 60 y 70, momento en el que había una fuerte presencia del estructuralismo y la teoría crítica, pero también una perspectiva político-cultural. Reconocen tres revistas representativas de tales perspectivas: Lenguajes,[11] Comunicación y cultura y Crisis.[12] Entendemos que el vínculo que establecen los analistas entre perspectiva teórica y posición política se enmarca dentro de lo que se conoce como “nueva izquierda argentina”, así como la revisión del rol del intelectual en la sociedad, aspecto que se dio luego de la revolución cubana y otros fenómenos sociopolíticos que acontecieron en Argentina, como la proscripción al peronismo.

Es posible entender la nueva izquierda argentina como una categoría analítica antes que una autodenominación (Mangiantini, 2018). Adrián Celentano (2016) explica que en los 60 en Argentina empezó a forjarse una nueva izquierda; se refiere con ello a aquellos grupos que plantearon una ruptura con las estructuras de los partidos de izquierda, como el Partido Comunista o el Socialista, así como una reconsideración del fenómeno peronista. Además, se empezó a cuestionar el paradigma desarrollista presente en las instituciones académicas, algunos sectores participaron en movimientos insurreccionales y, por último, disputaron la función del intelectual universitario (Celentano, 2016, pp. 175-176).

Las revistas que nombran Grimson y Varela –a nuestro criterio, principalmente Comunicación y cultura y Crisis– pueden ser leídas como subsidiarias de esos debates, en el sentido de que los directores y colaboradores de las revistas provenían de una militancia política de izquierda, pero que, a su vez, cuestionaban a los referentes teóricos así como las problemáticas de los sectores subalternos, y empezaron a considerar fenómenos sociales que hasta ese entonces no eran centrales en esos ámbitos, cobrando relevancia los mensajes mediáticos, la universidad y la vida cotidiana, entre otros. Consideramos que, en ese marco, la noción de “cultura” se incorporó como un elemento fundamental en el análisis para comprender las interpretaciones de quienes reciben los mensajes de los medios, así como las manifestaciones populares (arte en las calles, literatura marginal, entre otras). Natalia Vinelli (2006) explica que si bien en las revistas Comunicación y cultura y Crisis la referencia a “instancia de recepción” no es directa, es posible considerarlas como un antecedente porque se detienen y tematizan sobre el receptor, en tanto sujeto colectivo, clase obrera, protagonistas de avances de derechos.

Florencia Saintout y Natalia Ferrante[13] (2006), investigadoras sobre la recepción y los consumos mediáticos en jóvenes, presentan coincidencias con el análisis de Grimson y Varela, ya que ubican los estudios de recepción en Argentina en un marco más amplio, como es la perspectiva de comunicación y cultura. Asimismo, las analistas observan que en los 80 se institucionalizaron los estudios de recepción en el país, aunque destacan que guardan continuidad con los debates de los 60 y 70.

Por otro lado, también es conveniente nombrar las tempranas críticas que surgieron y circularon sobre la perspectiva comunicación y cultura, que refieren a la sobreestimación de la autonomía de la audiencia, planteos que se advierten desde principios de la década del 90. Así, por ejemplo, Carlos Scolari (2016) explica que, al leer las entrevistas realizadas por Mario Kaplún[14] en 1991 a importantes referentes del campo[15], encuentra que este refiere a algunos intelectuales –como Martín-Barbero– que relativizan el poder de los medios, un “repliegue teórico-ideológico” (p. 124). En esa línea, también podemos considerar un artículo de 1996 de Héctor Schmucler (1997b), en el que plantea el riesgo que existe en los estudios “culturalistas” de otorgarle una falsa agencia a las audiencias, ya que más que haberse incorporado los sectores populares a la modernidad a través del cine, la radio, la telenovela, lo que existe es una lectura laxa del poder.

En otro orden de cosas, entendemos conveniente nombrar los estudios que en el último tiempo surgieron sobre la trayectoria intelectual de referentes ligados a la perspectiva comunicación y cultura, donde podemos identificar a algunos autores más cercanos a la perspectiva y a otros más lejanos. Los trabajos recuperan los aportes sobre la biografía y condiciones de producción de Antonio Pasquali (Sánchez-Narvarte, 2020), Jesús Martín-Barbero (Cabezas y Gay, 2021), Marroquín-Parducci (2015), Néstor García Canclini (Sánchez-Narvarte, 2021), Héctor Schmucler (Zarowsky, 2017), Aníbal Ford (Diviani, 2019; Zarowsky, 2017), Beatriz Sarlo (Heram y Gándara, 2021), Marita Mata (Müller y Aguero, 2020), como también el análisis de revistas especializadas, como Comunicación y cultura (Diviani, 2019; Lenarduzzi, 1998).

La recepción, o no, de los estudios culturales ingleses

Otro núcleo recurrente en la bibliografía relevada se vincula con las reflexiones sobre los estudios de recepción en América Latina, particularmente los de Argentina, donde la perspectiva comunicación y cultura aparece como una lectura que permite detenerse en los sujetos y en sus condiciones singulares de recepción. En ese marco, identificamos análisis que consideran que el vínculo comunicación y cultura en América Latina es resultado de algún tipo, o no, de apropiación de los estudios culturales ingleses al continente americano.

La lectura que comunicación y cultura abreva en los estudios culturales ingleses es frecuente, donde reconocemos diversas posiciones. Una de ellas afirma la existencia de estudios culturales latinoamericanos. Mónica Szurmuk y Robert Mckee Irwin[16] (2009), coordinadores del Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos, plantean a los ECL como “… una empresa interdisciplinaria y multifacética enfocada en la cultura latinoamericana” (p. 9). Este es un abordaje que abarca y vincula distintas disciplinas, tanto las humanísticas como las de las ciencias sociales, cuyo objeto de estudio es “toda expresión cultural, desde la más cultas hasta las pertenecientes a la cultura de masas o a la cultura popular” (p. 10), atendiendo a las características culturales o subculturales de América Latina.

Szurmuk y Mckee Irwin (2009) plantean que los ECL se configuraron por distintas condiciones. Una de ellas es el contexto sociopolítico de nuestro subcontinente en las décadas del 60 y 70. Los movimientos políticos vinculados al marxismo retomaron el planteo de América Latina como una unidad, donde ocupa un lugar notable la relación entre cultura y destino político. Otro aspecto que nombran los analistas de los ECL son las tradiciones teóricas: reconocen la ensayística del siglo XIX y el ensayo crítico del siglo XX; también nombran la recepción tanto de la Escuela de Frankfurt como del Centro de Estudios Culturales Contemporáneos de Birmingham y el posestructuralismo francés. Además, identifican un diálogo sur-sur con los estudios subalternos y el poscolonialismo y una agenda de estudios culturales latinoamericanos en Estados Unidos.

Por otro lado, encontramos que Armand Mattelart y Érik Neveu[17] (2003) presentan una lectura distante a la posibilidad de unos ECL; más aún, para los analistas, no habría una lectura correcta de los estudios culturales en América Latina. Estos analistas parten de que los estudios culturales tienen sus cimientos en la creación del Centre of Contemporary Cultural Studies, fundado en 1964 en la Universidad de Birmingham, y que se extendieron a diferentes partes del mundo en la década del 80 con una contrapartida negativa: “… pérdida de identidad, de rigor y fecundidad” (p. 107). En el caso latinoamericano, destacan que existieron interrogaciones previas acerca de las culturas populares –nombran los casos de Carlos Mariátegui y Paulo Freire–, mientras que Jesús Martín-Barbero, Néstor García Canclini, Jorge González y Renato Ortiz estudian las culturas contemporáneas.

Los aspectos que Mattelart y Neveu (2003) destacan para diferenciar los estudios culturales ingleses de los latinoamericanos son los objetos y las metas de estudios. Los primeros se originaron en la década del 50 con investigadores procedentes de las izquierdas, quienes cuestionaban y buscaban un modelo alternativo de cambio social; investigaban lo que se consideraba la cultura ilegítima –la cultura popular– a través del análisis de fotografías, historietas y literatura infantil, entre otros. En el caso latinoamericano, entienden que el contexto de circulación de los estudios culturales fue durante los últimos años de los regímenes autoritarios. Esto orientó un cambio en las temáticas de análisis: el consumo y la identidad. Mattelart y Neveu (2003) suponen que esa acogida es menos comprometida con el cambio social: se dejan al margen las estructuras de poder, los movimientos sociales o la extrema concentración de medios y agregan: “[El] retorno a la ‘cultura’ también equivale, para algunos, a un refugio en la cultura que de entrada se manifiesta resueltamente crítico respecto de la ‘politización’ de las décadas del compromiso” (p. 120).

Otro autor que considera que existe una diferencia entre la versión inglesa y la latinoamericana de los estudios culturales es Roberto Follari[18] (2003), quien entiende que la principal diferencia radica en el objeto de estudio de un lado y otro del océano. El analista considera que si bien es positivo que se estudien productos culturales que históricamente han sido subvalorados en las ciencias sociales –destaca el ejemplo de Martín-Barbero, que analiza telenovelas–, observa que no se ofrece un juicio reflexivo que discuta verdaderamente con el neoliberalismo, licuando, en algún punto, uno de los aportes centrales de los cultural studies.

Eduardo Restrepo[19] (2012), por su parte, entiende que la diferencia entre los que consideran que existe una apropiación local de los estudios culturales y los que piensan que no hay una lectura correcta de los estudios culturales da cuenta de la existencia de una geopolítica del conocimiento. El autor entiende que, más allá de algunas diferencias, existen puntos en común; de allí que plantee cuatro ejes intrínsecos[20] a los estudios culturales que permiten la confluencia de las tradiciones intelectuales locales.

Palabras finales

A lo largo de la revisión bibliográfica hemos abordado algunas de las tematizaciones existentes en la historiografía del campo de la comunicación que se refieren a la perspectiva comunicación y cultura. Identificamos dos ejes a partir de los cuales agrupamos los distintos trabajos: en uno prevalece el foco sobre el campo disciplinar de la comunicación; y en el otro, la construcción del objeto de estudio. La diferenciación entre uno y otro también es posible advertirla por la trayectoria de los/as investigadores/as, ya que si bien los textos relevados fueron publicados en su mayoría en la última década del siglo XX y los primeros quince años del siglo XXI, podemos diferenciarlos por sus posibles interlocutores.

En los textos de Moragas-Spà (2011) y Fuentes-Navarro (1992) encontramos puntos de coincidencia; uno de ellos son los destinatarios explícitos e implícitos. En cuanto a los primeros, los autores plantean una sistematización pedagógica de la trayectoria de los estudios de comunicación latinoamericanos para los/as estudiantes de las carreras de Comunicación, operación que, a su vez, puede estar referida a los interlocutores implícitos, esto es, marca distancia con las perspectivas provenientes de centros académicos como Estados Unidos y Europa. En ese sentido, otro aspecto de coincidencia entre los analistas es que plantean la perspectiva comunicación y cultura como un aporte autóctono, donde lo sociocultural de las condiciones de vida de los pueblos latinoamericanos es condición necesaria para realizar análisis comunicacionales, aspecto que, en términos generales, hasta la década del 70 estaba en segundo plano. Además, la cuestión de comunicación y cultura como una perspectiva “autóctona”, en sintonía con la teoría de la dependencia, buscaba quitar la mirada etnocéntrica de los centros académicos que subyacían en los enfoques teóricos.

Por otro lado, identificamos que las reflexiones de León-Duarte (2008) se encuentran insertas en un campo de la comunicación con más trayectoria, aspecto que incluso puede observarse cuando recupera la postura de un intelectual ya consagrado como Marques de Melo. En ese sentido, reconoce una singularidad en la producción teórica latinoamericana que la diferencia de otras perspectivas, lo que, a su vez, habilita en algún punto un diálogo. Asimismo, ese diálogo –en el que se destaca una escuela simbólica (ELACOM)– también puede implicar un borramiento de las condiciones de producción de los autores que señala, así como, al recuperar solo intelectuales “destacados”, abona a la construcción histórico-lineal y acumulativa. En esa reconstrucción remarca que existen diferentes planteos, uno de los cuales refiere a comunicación y cultura y problematiza el uso social de los medios.

Los estudios de Moragas-Spà, Fuentes-Navarro y León-Duarte que se focalizan en el devenir disciplinar del área de la comunicología dan cuenta de la disputa que existe al interior del campo entre las distintas perspectivas; en ese sentido, podemos advertir que la identificación de comunicación y cultura tiene que ver también con su progresivo reconocimiento e institucionalización. Cuando hacemos mención a “institucionalización” no nos limitamos a la inclusión de esa perspectiva en una institución puntual, sino al registro que realiza un conjunto de intelectuales sobre el devenir del campo de la comunicación latinoamericana, donde transforman estudios que involucran comunicación y cultura en una perspectiva.

El vínculo entre comunicación y cultura aparece con mayor precisión –aunque no por ello hay que suponer una definición estanca y última– en aquellas historizaciones del campo de la comunicación que rastrean los estudios de recepción, probablemente porque los/as investigadores/as anteponen la pregunta por el objeto eludiendo –o sobreentendiendo– la discusión sobre el área de la comunicación en América Latina. Esto también puede ser que se relacione con la trayectoria de sus analistas, ya que no solo se encuentran insertos en un campo de la comunicación con más trayectoria académica en comparación con Moragas-Spà y Fuentes-Navarro, sino que se encuentran trabajando en el campo en el marco de sus investigaciones de grado, posgrado o grupos de investigación.

En Grimson y Varela (2002) advertimos que la cuestión de la cultura está asociada a explorar la construcción de sentido que realizan los sectores populares, de allí que las revistas que nombran como primeras referentes –Lenguajes, Comunicación y cultura y Crisis problematicen tanto los discursos de los emisores, entendiendo que desde un diario, una revista, un panfleto, una película, etc. condensan sentidos de acuerdo tanto al emisor y sus condiciones de producción como a la recepción, que no presenta una sola interpretación, “… es verdad que el mensaje comporta significación pero ésta solo se realiza, significa realmente, en el encuentro con el receptor” (Schmucler, 1997a, p. 141).

Es necesario también decir que la mayoría de los autores relevados para la reseña bibliográfica –Moragas-Spà, Grimson y Varela, Saintout y Ferrante, entre otros–, al momento de identificar la especificidad del vínculo entre comunicación y cultura en América Latina, remiten en algún momento a los estudios culturales ingleses. Saintout (2011) plantea que hubo en Argentina una lectura temprana en la década del 60 de Williams y Hoggart, mientras que Szurmuk y Mckee Irwin (2009) plantean que es posible hablar de ECL, que refiere a la expansión de los estudios culturales ingleses, pero que recupera tradiciones teóricas locales. Esto nos lleva a pensar que, más allá de que si hubo una lectura “fiel” o no de los postulados de la Escuela de Birmingham que tiene que ver con lecturas ideológicas, es posible entender que había un diálogo/lectura en América Latina de esa perspectiva teórica que abonó en algún punto a la definición de “cultura”.

La ampliación de la conceptualización de “cultura” en la región también puede estar asociada a los debates de los grupos de izquierda que empezaron a distanciarse del núcleo tradicional (Partido Comunista y Socialista), donde el rol de las revistas ya no era solo difundir las ideas doctrinarias para una progresiva liberación en etapas de los sectores proletarios y/o subalternos, sino también considerar la necesidad de atender las condiciones nacionales, los intereses de esos sectores, la posibilidad de agencia de esos receptores/as, así como la necesidad de reflexionar sobre una institución que cada vez ocupaba mayor protagonismo en la sociedad, como los medios masivos de comunicación, entre otros aspectos. Estos elementos sirven tanto para el análisis como para una posible intervención en la realidad a favor de los sectores oprimidos. Es así que podemos ver, sin demasiadas precisiones, que los estudios de comunicación fueron interpelados por una conceptualización amplia de “cultura”, alejada de las bellas artes así como de la educación.

 


 

Referencias

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[1] Si bien la nacionalidad de Moragas-Spà es española, es un intelectual que aportó a la difusión y a la reflexión de los estudios de comunicación latinoamericanos, especialmente en lo que refiere a la perspectiva “comunicación y cultura”.

[2] Moragas-Spà nació en 1943 en Barcelona, España. Se licenció en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona (1969), de Periodismo por la Escuela Oficial de Periodismo (1974) y se doctoró en Filosofía por Universidad de Barcelona (1974). La editorial Gustavo Gilli, en 1979, creó la colección GG Mass Media, que publicaba libros sobre temáticas del campo de la cultura, la política y economía contemporáneas y los medios de comunicación. La colección estuvo dirigida por Román Gubern, Lluis Bassets y Moragas-Spà. En ese período trabajó, por ejemplo, en la edición del libro de Jesús Martín-Barbero De los medios a las mediaciones (Moragas-Spà, 2017). Las obras escritas por Moragas-Spà y las compilaciones que realizó sobre sociología de la comunicación de masas, así como los libros que ayudó a editar, tuvieron una amplia distribución en América Latina. Asimismo, fue director del Departamento de Teoría de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) entre 1976-1978 y decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación (UAB) en dos períodos (1978-1989 y 1982-1984). En 2017 fue declarado catedrático honorario del Departamento de Medios y Comunicación de la UAB.

[3] Una de las primeras instituciones a nivel regional en realizar capacitaciones, fomentar la investigación y difusión de reflexiones primero sobre periodismo y, al poco tiempo, en comunicación.

[4] A modo de información ampliatoria, se denomina “funcionalismo norteamericano” a la perspectiva sociológica que entiende al sistema social como “… un organismo cuyas partes cumplen la función de integración y de mantenimiento del sistema” (Marafioti, 2010, p. 140). Las condiciones de vida estadounidense durante y luego de la Segunda Guerra Mundial posibilitaron un modo particular de ciencia social. Dice Marafioti (2010) que el fin de la ciencia era ajustar los comportamientos de los miembros de la sociedad para promover la “normalidad”. Los estudios que se conocen como mass communication research en su mayoría presentan como sustrato teórico esta corriente de pensamiento.

[5] Moragas-Spà (2011) nombra a dos autores representativos del período: Wilbur Schramm, que luego de la Segunda Guerra Mundial trabajó como experto en educación y comunicación en la UNESCO y participó, entre otros espacios, en investigaciones y libros del CIESPAL, cuyos “… trabajos [estaban] dedicados al binomio comunicación y desarrollo…” (p. 90), y Everett Rogers, que postulaba que la “difusión de innovaciones” era el motor para la modernización de la sociedad, donde los medios masivos de comunicación tenían un papel clave. Es preciso destacar que Rogers, en la década del 80, revisó su lectura sobre la concepción de “desarrollo” sobre América Latina (Fuentes-Navarro, 2005).

[6] Fuentes-Navarro nació en 1952 en la Ciudad de México y se licenció en Ciencias de la Comunicación en 1975. Primero trabajó en el ámbito del audiovisual y, al poco tiempo, ingresó como profesor de Teorías de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) de Guadalajara, México. En 1989 obtuvo el título de magíster en Ciencias de la Comunicación por el ITESO y doctor en Ciencias Sociales (1996) por la Universidad de Guadalajara. Trabajó como profesor en el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO desde 1978 hasta que se jubiló en 2018. En esa institución también ejerció cargos directivos y fue miembro de redes de investigadores en comunicación. También ejerció la docencia en el Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara y formó parte de redes de investigadores tanto de México como de América Latina.

[7] Comunicación y cultura fue una revista que se editó entre 1973 y 1985, fundada por el argentino Schmucler, el belga –aunque radicado en Chile entre 1962 y 1973– Mattelart y el brasileño Hugo Assmann. Estuvo dirigida por los dos primeros luego del segundo número. Primero se editó en Chile; tras el golpe de Estado a Salvador Allende en 1973, la publicación se mudó a Argentina hasta el golpe cívico-militar de 1976. Continuó en México, lugar de exilio de Schmucler.

[8] León-Duarte es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora, México (1990), máster en Investigación de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) (2002) y doctor en Periodismo y Ciencias de la Comunicación por la UAB (2006). Es profesor investigador en el Departamento de Psicología y Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora.

[9] José Marques de Melo (1943-2018) nació en Brasil. Se graduó en Periodismo, trabajó en medios gráficos y tempranamente ingresó al ámbito académico. León-Duarte (2008) recupera dos conferencias que Marques de Melo impartió en 1999 en el X Encuentro de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación y en el I Seminario Latinoamericano sobre la Investigación de la Comunicación, celebrado en Bolivia, donde consideró la existencia de una escuela latinoamericana de comunicación “… caracterizada por su mestizaje teórico, su hibridismo metodológico, su compromiso ético político y su dimensión extranacional” (p. 3).

[10] Alejandro Grimson nació en 1968 en Buenos Aires, Argentina. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires (1996), magíster en Antropología Social por la Universidad Nacional de Misiones (1998) y doctor en Antropología por la Universidad Estatal de Brasilia. Asimismo, es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).
Mirta Varela nació en 1961 en Buenos Aires, Argentina. Es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, magíster en Sociología y Análisis Cultural y doctora en Letras. Asimismo, es investigadora en el CONICET y profesora en la cátedra Historia de los Medios de Comunicación en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.

[11] Lenguajes fue una revista que se editó entre abril de 1974 y mayo de 1980 en Argentina. Era una publicación de la Asociación Argentina de Semiótica. El comité editorial estaba conformado por Juan Carlos Indart, Oscar Steimberg, Oscar Traversa y Eliseo Verón. La publicación está disponible en https://ahira.com.ar/.

[12] La primera etapa de Crisis se editó entre mayo de 1973 y agosto de 1976 en Argentina. El director de la revista era Federico Vogelius, el director editorial era Eduardo Galeano y Julia Constela era secretaria de redacción; más tarde se sumó Aníbal Ford y Juan Gelman. La publicación está disponible en https://ahira.com.ar/.

[13] Florencia Saintout nació en 1970 en Bahía Blanca, Argentina. Es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) (1994), magíster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Iberoamericana, México (1998) y doctora en Ciencias Sociales por FLACSO (2006). Es profesora titular de Comunicación y Teorías en la UNLP y exdecana de esa unidad académica (de mayo de 2010 a abril de 2018). Entre 2013 y 2017 fue concejala del municipio de La Plata. Entre 2017 y 2021 fue diputada de la provincia de Buenos Aires. Actualmente es titular del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires.
Natalia Ferrante es licenciada en Comunicación Social por la UNLP (2005) y docente investigadora
en la UNLP.

[14] Mario Kaplún (1923-1998) fue un educomunicador a favor de la comunicación popular.

[15] Beatriz Solís Leree coordinó en 2015 el libro Comunicación: memorias de un campo. Allí se transcriben entrevistas inéditas realizadas en 1991 por Kaplún a Luis Ramiro Beltrán, Antonio Pasquali, José Marqués Marques de Melo, Rafael Roncagliolo, Eleazar Díaz Rangel y Fátima Fernández.

[16] Mónica Szurmuk nació en 1961 en Argentina. Es profesora de Lengua y Literatura Inglesa, doctora en Literatura Comparada e investigadora del CONICET.
Robert Mckee Irwin nació en 1962 en Estados Unidos. Es doctor en Literatura Comparada. Si bien su origen es norteamericano, resulta relevante el trabajo que realiza con Szurmuk.

[17] Armand Mattelart nació en 1936 en Bélgica. Estudió Derecho en la Universidad de Lovaina y realizó una especialización en Demografía en Sorbonne Université, Francia.
Érik Neveu nació en 1952 en Francia. Es sociólogo.

[18] Roberto Follari es licenciado (1976) y doctor (1995) en Psicología por la Universidad Nacional de San Luis.

[19] Eduardo Restrepo nació en Bogotá, Colombia. Estudió Licenciatura en Antropología en la Universidad de Antioquia y tiene una maestría y un doctorado en Antropología por la Universidad de Carolina del Norte-Chapel Hill. Es docente en la Universidad Javeriana.

[20] Restrepo (2012) se plantea identificar, a modo propositivo, aquellos elementos que hacen a la perspectiva de los estudios culturales, esto es, identificar rasgos “… ampliamente compartidos por las diferentes vertientes y sobre los que habría mayor consenso en cuanto a considerarlos criterios que definirían el terreno de los estudios culturales” (p. 125). Estos son: distinción entre estudios culturales y estudios sobre la cultura; transdisciplinariedad; politización de la teoría y teorización de lo político; contextualismo radical, antirreduccionismo y teorización sin garantías.